Por gracia o desgracia de la globalización y el desarrollo tecnológico, cada día tenemos acceso a millones de noticias de diferentes partes del mundo. Algunas nos causan tanto asombro que nos dejan pensando. Eso me pasó hace algunos días al ver una nota que hablaba sobre una comida que realizan los haitianos para poder sobrevivir. Se trata de galletas de barro, hechas tan solo con tierra, aceite y sal. Resulta impensado para nosotros comernos un pedazo de tierra por más condimento que usemos. Pensaba en lo terrible de la situación, en la desolación, en la desesperación de quienes no pueden darle de comer a sus hijos... Pensaba en Haití y su extrema pobreza producto de desórdenes políticos internos pero también de políticas económicas mundiales que condenan a gran parte de los países a la exclusión total. Pensaba en Argentina y las cosas que nos pasan.
Dos o tres veces al año, la desnutrición y la mortalidad infantil provocada por la misma, se pone de “moda” para los medios. Claro está que esto solamente sucede en el Chaco, o en Santiago del Estero, o en Salta o Jujuy... Va cambiando de escenario pero siempre sucede en lugares alejados de la gran metrópolis. Quizás el que no esté presente nos ayuda a no ser consciente de ello en todo momento... Nos ayude porque hay veces que ya no podemos soportarlo; y nos condene, porque, entonces, no hacemos nada para evitarlo. Las estadísticas son terribles, basta con leerlas para que se nos horrorice el alma. Y aún así, solo estamos viendo fríos números. Existen varias iniciativas por parte de la sociedad civil, a través de distintas ONGs, y existen también algunas de organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Será cuestión de dejar de preocuparnos para ocuparnos. Deberíamos dejar de patear la pelota, dejar de pensar que esto pasa a cientos o miles de kilómetros. Esto pasa ante la vista de todos aunque queramos cerrar los ojos y olvidarlo. Será cuestión de exigirle a nuestros dirigentes que nos dirijan, que cumplan su rol de conductores, ya no peleando por ir un poco más o un poco menos a la izquierda sino más bien avanzando, para adelante.
Dos o tres veces al año, la desnutrición y la mortalidad infantil provocada por la misma, se pone de “moda” para los medios. Claro está que esto solamente sucede en el Chaco, o en Santiago del Estero, o en Salta o Jujuy... Va cambiando de escenario pero siempre sucede en lugares alejados de la gran metrópolis. Quizás el que no esté presente nos ayuda a no ser consciente de ello en todo momento... Nos ayude porque hay veces que ya no podemos soportarlo; y nos condene, porque, entonces, no hacemos nada para evitarlo. Las estadísticas son terribles, basta con leerlas para que se nos horrorice el alma. Y aún así, solo estamos viendo fríos números. Existen varias iniciativas por parte de la sociedad civil, a través de distintas ONGs, y existen también algunas de organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Será cuestión de dejar de preocuparnos para ocuparnos. Deberíamos dejar de patear la pelota, dejar de pensar que esto pasa a cientos o miles de kilómetros. Esto pasa ante la vista de todos aunque queramos cerrar los ojos y olvidarlo. Será cuestión de exigirle a nuestros dirigentes que nos dirijan, que cumplan su rol de conductores, ya no peleando por ir un poco más o un poco menos a la izquierda sino más bien avanzando, para adelante.
